Si las hojas nuevas de tu cultivo se ven amarillas pero las nervaduras siguen verdes, lo más probable es que estés frente a una clorosis férrica: deficiencia de hierro, uno de los problemas nutricionales más comunes en suelos chilenos de pH alto.
Cómo reconocerla
- El amarillamiento aparece primero en hojas nuevas (el hierro es poco móvil dentro de la planta)
- Las nervaduras permanecen verdes, formando un reticulado característico
- En casos severos, la hoja completa se torna amarillo pálido o casi blanca
- El crecimiento se detiene y la fruta pierde calibre y color
¿Por qué ocurre si el suelo tiene hierro?
La mayoría de los suelos contienen hierro abundante, pero en suelos calcáreos o con pH sobre 7.5 ese hierro está en formas insolubles que la raíz no puede absorber. El exceso de riego, la compactación y el frío agravan el problema.
Cómo corregirla
Vía suelo
El sulfato de fierro heptahidratado es el corrector clásico: acidifica el entorno de la raíz y aporta hierro disponible. Se aplica al suelo en la zona de mojamiento, idealmente junto a materia orgánica para prolongar su efecto.
Vía foliar
Para una respuesta rápida sobre el follaje ya afectado, las aspersiones foliares con hierro permiten reverdecer tejido en pocos días, especialmente si se combinan con la corrección de fondo vía suelo.
Manejo del pH
Mientras el pH del suelo o el agua de riego siga alto, la clorosis volverá. Complementa la corrección con acidificación del agua de riego (ácido fosfórico) y evita el exceso de bicarbonatos.
Un uso adicional: enmienda de céspedes y frutales menores
El sulfato de fierro también se usa para reverdecer céspedes, controlar musgo y mejorar el color en berries y parronales, siempre ajustando dosis según etiqueta.
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